...porque los que saben contar historias pueden cambiar el mundo. Y aquí tenemos los bolsillos llenos de ellas.

(Amaranta)

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...no sé contar las cosas intangibles, pero puedo enumerar todas las que se me quedan en la piel.

(Estrellada)

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... y las arenas atrapahombres, y el sabor a sal, origen de todas las cosas.

(MA)


lunes, 11 de febrero de 2013

Corto de lunes

"Los libros, el vino rojo y el sexo anal", dijo Ella, y él abrió la boca para responder pero entonces fue el petardo y las voz irritada de la abuela "¡Coño, tan viejo que está el americano ese para ponerse en esas cosas!"

Luego comenzó a llover.

sábado, 9 de febrero de 2013

CUENTO DE SABADO





Son las dos de la tarde y sale del apartamento caminando lentamente. Aunque primero hay que dar un vistazo rápido para tenerlo todo en orden. Sillas, cojines, cuadros, espejos. Todo en su sitio. Todo en su caos particular. No quiere dejar testigos, quizás los únicos que podrían decir algo serían el cenicero y la botella de ron, es mejor si coloca unas colillas y un vaso a medio llenar en la escena. Y el equipo de música sonando a todo trapo en modo repeat, Janis Joplin estará eternamente cantando con esa voz que incita al suicidio.

Luego, en la calle, continua caminando lentamente, sin movimientos bruscos, y a la misma vez que se aleja del Café Fresa y Chocolate repasa con detenimiento todo lo que se cruza por delante de sus ojos:

Una pareja de ancianos plantados en medio de la calle que le dicen sin abrir la boca “¿señor-nos-puede-dar-unas-monedas-para-subir-a-la-guagua-que-nos-lleve-hasta-el-Colón?”

Una vieja jinetera que en los años de bonanza saltó hacia el norte y trabajó de lo único que había aprendido. Ahora cuenta que fue la escort mejor pagada de Miami, hasta que llegaron aquellas portorriqueñas teñidas de rubio, pechugonas y con un litro de botox en los morros.

Dos maricas de bigote y guayabera blanca impecable que se recitan mutuamente versitos de Carilda Oliver y Reinaldo Arenas, el primero que pierda turno le tocará ser esa noche el pasivo. En realidad ninguno de los dos tiene miedo a perder.

Las tres y media y casi está llegando a su destino, no puede caminar deprisa porque lleva un clavo guardado entre los dientes y tiene miedo a tragárselo. Bajar toda la Avenida 23 le ha tomado un buen rato pero ahora ya tiene el Malecón a dos pasos, lo huele, lo presiente. En cuanto pone un pie encima del murete de cemento empieza su ritual: baja hacia las piedras, elige una bien planita y despejada, se quita la ropa, toda la ropa, se queda en pelotas y se tiende boca arriba mirando el cielo.  Las cuatro menos cinco y ya está preparado. Las cuatro en punto y comienza a diluviar con esa puntualidad Caribe de todos los aguaceros. En el verano llueve en La Habana cada tarde a las cuatro, sin falta.

Ahora ya está empapado desde los pies a la cabeza. Entreabre la boca y deja asomar la mitad del clavo que sujeta con la lengua apuntando hacia arriba, hacia el cielo. Necesita que un rayo le atraviese el alma desde que la vio tomar una copa de tinto y apagar un cigarrillo en aquel cenicero de latón, necesita que un rayo le parta en dos trozos desde que ella le dijo que el corazón es su puta preferida.


Si hoy no tiene suerte mañana volverá a las cuatro en punto a tumbarse bajo la tormenta. Algún día tendrá la grandísima estrella de beberse un rio de electricidad.

jueves, 24 de enero de 2013

Uno

Ella está a sólo un día de una poltrona, un libro con orejas de gato, un gato con lengua de perro, una maceta de gardenias que huele a lascivia y una aceituna que se ahoga en la copa de Martini mientras espera un cuento.

Un día. No más.



martes, 22 de enero de 2013

DOS DE CUATRO


Hay días en los que él se viste con pantalones cortos y un bolero, se olvida de peinarse, se olvida de la corbata y de los zapatos negros. Sale al mundo saludando al sol y al asfalto. Sale rebelde a la calle, cruza los semáforos peatonales en ámbar, baja las escaleras mecánicas del revés y le guiña el ojo a la vigilante de los parquímetros No pretende buscarle la cuadratura al círculo, solamente reírse de la vida.

Hay días en los que ella se desespera hasta el moño de esos adolescentes rubios, simétricos, de boca grande y cerebro escaso. Intenta por todos los medios enseñarles a recitar a Sabines, y unas gotas de luna en los ojos de los ancianos ayudan a bien morir. Ni caso.
Esos bastardos nórdicos están empeñados en saber pronunciar perfectamente y con española sonoridad la palabra “puta”. Por suerte en el trayecto a casa se quita las horquillas del pelo, cierra los sentidos y sintoniza dentro de su cabeza una emisora de radio pirata, ésa donde ponen la música que le gusta. Entonces comienza a pronunciar bajito:

Baby, i've been waiting,

i've been waiting night and day.



lunes, 21 de enero de 2013

UNO DE CUATRO





Ayer en una botella sin mensaje encontré un sobre a medio abrir, con las esquinas dobladas, y no sé porqué me recordó a la chica de los gatos y de las faldas.  
Intenté descifrar lo que sabía de ella, intenté reconstruir su imagen, pero por alguna razón me fue imposible.

Y mientras enciendo otro cigarro miro el mar buscando más botellas. Ella se está mesando el cabello y tararea alguna canción de de un looser setentero:

Well I hope that I don't fall in love with you
'Cause falling in love just makes me blue,






domingo, 20 de enero de 2013

Cuatro

Tres figuras, como en la canción de viejo marino que nunca navegó. El primero no cojea, pero es estreñido de solemnidad. El segundo no es mudo, pero ha de soportar que lo llamen traidor en su propia cara. El tercero no es ciego, pero se niega a ver porque se le escaparon sus ángeles y sus demonios también, mientras esperaba que ella lo llamara.

Hay una cuarta figura que ella no alcanza a reconocer, y eso la intriga. Se pregunta si debe hacer trampas, o si debe volverse Margarita y esperar por su Maestro. Un sorbo de vino más, y decidirá.

Debajo de la barra, El Bastillo se ríe bajito.


sábado, 19 de enero de 2013

TIENE LOS PIES SUCIOS






Nunca sabré cómo se llama ella, solamente que tiene los pies sucios. En realidad no importa, no son datos indispensables. ¿O sí? Estoy malacostumbrado a no recordar nunca el nombre de ninguna, todo lo más el color de su ropa interior –negra-, el nombre de su perfume -cualquiera que esté de oferta- y el tono de su carmín -Rouge in Love, de Lancôme-.

Sé que le gusta el color sepia, tanto el de las fotografías reveladas con nitrato de plata como el de las páginas de los libros que tratan de investigadores yankees y rubias de nombre compuesto. Ella habla de la gente muerta como si todavía estuvieran presentes, como si estuvieran  en la misma habitación, charlando de banalidades como si tal cosa. Ayer mismo me dijo que Nicanor Parra le había dicho que anda buscando dónde comprar un billete de autobús para ir a visitar el Cristo de Elqui. Yo le dije que ni puta idea, que de antipoetas y de cristos ando justito, más bien nada.

También sé que le gustan las películas antiguas, los olores de animales extintos y el café hirviendo. La verdad es que todo esto me lo supongo. Ella no cuenta nada, va dejando miguitas de pan y yo voy haciéndome el puzle.

Creo que se hace la tonta. Conoce perfectamente a los tres tipos que se apostaron una noche de kamasutra con ella jugándosela al póker. Sí, estoy seguro, se hace la tonta. Conoce de sobras quien es su paisano, el que llora lágrimas de pimienta, pero ni me lo dice ni me da pista alguna sobre si lo descifró.

Le cambia el rumbo a las palabras, las marea, las trastoca, las extravía. Cuando dice ahora quiere decir camaleón, cuando dice estrabismo quiere decir estoy buscando unos pendientes de plata que perdió mi abuela en su viaje de bodas, y cuando dice mantequilla con azúcar está diciendo ¿quieres hacer el favor de tomar un avión y venir aquí?, que se me está quedando el culo plano de esperarte sentada.

Tiene los pies sucios y mal genio, como si ocultara una ciclogénesis bajo las uñas.
Acabaré siendo el tipo que vende armónicas a los presos de San Quintín, aprovechando los días de visita para tener un bis a bis con ella.

.

viernes, 18 de enero de 2013

Veo

Ella, experta en perdedores, imań de vagabundos y pervertidos, ángel de la guarda de parias, perros callejeros y desertores, está a punto de responder al bebedor de bourbón cuando lo ve, y en un segundo manda a callar a  Cagnavaro -a quién coño se le ocurre, se pregunta cada vez- a los pezones de la Vergara -a quién coño se le puede ocurrir, se pregunta siempre- y a la mano de naipes de su abuela, que han comenzado a vociferar que es ese, ese, ese.

Ya se acerca, ya está ahí, ya la alcanza,  y su canto le sabe a ella tan pobre como el del desdichado puhuy, porque ella no nació para anotar tragos sino para hacer palomitas con su lápiz rojo, y sabe que él sabe que es así, y sabe también que luego, cuando la mano de él dibuje obscenidades debajo de su falda, cuando la mano de él  mano se cierre sobre su garganta al compás de la nevada, será ella la que caiga en falta.

Y apenas puede esperar.

EL BAR SIGUE ESTANDO LLENO




ESCENARIO
Noche. Hace frío, mucho frío. Y la culpa no es sólo del invierno. Un bar de carretera. Una camarera y tres tipos en la barra. Nadie más en el local. 


SITUACIÓN
Afuera hiela y es insoportable permanecer. Adentro se está bien, tibio, relajado. En una pared un calendario en 3D con las tetas universales de Sofía Vergara. Los tres tipos beben y conversan. Bebidas diferentes para hombres diferentes: cerveza, ron caribeño y bourbon, todo en vaso grande.

DESARROLLO
Ellos juegan con una baraja francesa para ver quién saca la carta más alta. Hay una apuesta en el aire, y debe ser muy importante porque todos tienen cara de condenado en la milla verde.

El tipo del vaso de ron coge una carta y antes de voltearla murmura: he esperado esta oportunidad durante 51 años, nueve meses y cuatro días. Después lentamente la gira y podemos ver un dos de tréboles. Uff !!

Continúa el que bebe cerveza. Decidido alarga la mano hasta el taco de naipes y los acaricia. Estira del vértice de una de ellas mientras reza: Todos los hombres seremos navegantes hasta que el mar nos libere.  Bruscamente mira su elección: cinco de picas. Casi se dibuja una mueca en su cara.

Por último el tipo del bourbon, un looser de cualquier peli setentera, mete la mano entre las cartas y arremete la primera que pilla. La tira sobre el mostrador diciendo: soy una víctima inocente de un callejón sin salida. Reina de corazones. Sí, es víctima, sí.

Los tres se miran. No dicen nada. Ya estaba pactado. El ganador tiene que proponer algo a la camarera. El looser arranca:

-Señorita, por favor…

Ella -que no sabemos cómo ha acabado en esta mierda de tugurio, sirviendo copas y recogiendo historias- mecánicamente levanta la vista –con esa mirada mezcla de cilantro y ajonjolí- para ver al dueño de la voz; antes de avanzar se gira y le da un trago a esa eterna taza de té medio llena de vino –tinto- que guarda tras la cafetera, es mala hora para tener pezones y andar de abstemia, piensa.

- ¿Si…? ¿Otra ronda…?

- No, darling, es que debo decirte algo muy importante. Sabrás que los mayas llevan cachondeándose de nosotros desde los tiempos precolombinos, auguran el final del mundo y al final nunca pasa nada, pero ¿y si aciertan los muy cabrones? Mis amigos y yo tenemos una duda. Hipotéticamente si esta misma noche se acabara todo ¿con quién de nosotros tres vendrías a la cama? No me mires así, no estamos locos.

Un segundo antes de que ella abra la boca para responder se abre la puerta del bar y de repente, entre ventisca, aire gélido y nieve desorientada, aparece un tipo que bien podría ser un predicador del Central Park neoyorquino. Los ojos desorbitados se le están escociendo con un sudor fuera de temporada, como si llorase lágrimas de pimienta. Llega hasta el centro del local y declama:

Tarde o temprano vamos a morir de lo mismo,
de mujeres ajenas y de versos robados,
de poemas redondos y lectores cuadrados,
de ignorar que el espejo padece astigmatismo.



CONCLUSIÓN
No conocemos los gustos sexuales de la camarera.
Corrijo: No conozco –todavía- los gustos sexuales de ella, por tanto ¿a quién elegiría?








lunes, 17 de diciembre de 2012

6 PALABRAS 6

Tres parejas o dos tríos, no importa.


Amoniaco

Escalpelo

Reparación de calzado

Pantalla reflectora

Estragón

Densidad


lunes, 10 de diciembre de 2012

INDECISION






Darling you gotta let me know
Should I stay or should I go?
If you say that you are mine
I'll be here 'til the end of time
So you got to let know

Should I stay or should I go?

Always tease tease tease
You're happy when I'm on my knees
One day is fine, next is black
So if you want me off your back
Well come on and let me know

Should I Stay or should I go?

Should I stay or should I go now?
Should I stay or should I go now?
If I go there will be trouble
An' if I stay it will be double
So come on and let me know
This indecision's bugging me


If you don't want me, set me free
Exactly who'm I'm supposed to be
Don't you know which clothes even fit me?
Come on and let me know

Should I cool it or should I blow?

Should I stay or should I go now?

If I go there will be trouble
And if I stay it will be double
So you gotta let me know

Should I stay or should I go?

lunes, 3 de diciembre de 2012

Quentin notes (II)



En un lugar. Antes:

Un plató de televisión, un presentador desconocido de concursos educativos, dos únicos participantes, aburridos, quietos, silenciosos, que se miran las musarañas esperando que la sintonía musical dé paso a la siguiente y última pregunta.  El programa se graba sin espectadores, solamente un gendarme de gafas ahumadas vigila que todo siga su curso. Será emitido a deshoras, apto para insomnes y consumidores de porno light.


En otro sitio, después:

Ellos dos están en el balcón, ninguno de los dos tienen los pies atados al suelo, ninguno de los dos está amarrado al mundo. Él tiene un cigarrillo entre los dedos, otro más, el último. Ella tiene un tazón de café negro humeante entre las manos, el tercero, el siguiente. Ojean la lontananza: hace días que los buitres no sobrevuelan los tejados, seguramente los callejones están llenos de carroña. Él conoce a esos pajarracos, sabe que tarde o temprano volverán. Ella también los conoce, más personalmente, incluso les ha puesto nombre, a uno lo llama Sebastián, a otro Mataperros, a otro Simbad, pero ninguno acude a sus llamadas .

Dentro, en el apartamento, la televisión sigue martilleándoles con una sonata comercial horrible, insistente, como un jingle de Navidad, repetitivo y decadente.

Silencio. 
El locutor escupe la pregunta:

-      En una hipotética competición entre el Pato Donald y el Pájaro Loco
¿ Quién de los dos podría  pronunciar diez veces seguidas, con total
claridad y perfecta dicción, la palabra “humberthumbertiano” ?

Ella le mira, él quizás no. Los dos han escuchado la pregunta. Saben que los malos les están vigilando...
Se desvisten, se quitan la ropa interior (él unos slips del mercado de los domingos, ella unas bragas puestas al revés y con dibujitos de Andy Warhol) y la arrojan por la barandilla. Cae la ropa dibujando una parábola imperfecta, entre el corro de buitres que no alzan el vuelo.


Ahora sí se miran los dos. Ella desnuda está más misteriosa. Los dos saltan al vacío, sin hacer ruido y dibujando una espiral,  el corro de buitres tampoco alza el vuelo.

Porque allí no cayó nadie.

domingo, 2 de diciembre de 2012

Mia dixit

Nieva, y Ella se envuelve en un kimono, comprueba que por fin el pelo ha dejado de gotearle cintura abajo y saborea la palabra "mindundi" entre sorbo y sorbo de un café espeso y oscuro como el mar batiendo contra el malecón de su pueblo, pero sin los gatos flotantes.

Él es un aventurero y un bocazas, pero a ella no le interesa que sea de otra manera. No va a pedirle nunca que la quiera; le basta con que siga domando las palabras a fuerza de morderles los muslos y con que insista en descubrirla con su hocico tenaz aún cuando los relojes de invierno de vistan de verano.

sábado, 1 de diciembre de 2012

Quentin notes


Para empezar será un trío. La base de cualquier problema es el tres. El, Ella, y el Marido


Él: debe ser un sicario como los de antes, un romántico sin lágrimas ni sonetos atravesados, un caballero de los pies a la cabeza que roba, miente y mata. En la culata de su revólver no marca el número de víctimas sino de sus desamores, pero eso será otra historia. La muerte le encontrará, de eso podemos estar seguros, pero será inesperada, de sopetón, a contracorriente, no cuando a la parca le apetezca, y además será con los pantalones bajados, follando. Lástima que el destino es miope –en realidad se la tenía jurada- y lo encontrará remetiéndose los calzones después de cagar.




Ella: dirán que es una actriz de medio pelo, pero en realidad es la mejor intérprete de todos los tiempos, porque con solo enseñar una media sonrisa y levantar un poco los ojos puede conseguir que le atraviesen el esternón y le devuelvan la vida; porque sabe pisar decidida, y porque bailando descalza -con los pies sucios y las uñas recién pintadas- puede obtener que un mindundi se juegue el porvenir para darle un masaje en los pies. Incluso ha logrado que el matón más matón de todos se deje capturar matrimonialmente. Aunque no lo demuestre ella es adicta al misterio de vivir. En un futuro podría ser Lola.



El marido: Será el típico asustaniños de barrio, empezará rompiendo cabinas telefónicas por cuatro monedas y seguirá chanchullando con sustancias para soñar, pero al llegar a la madurez decidirá que no quiere quedarse a medio camino, que no quiere ser Mafifa, un cándido feliz y tan negro como la miseria, tampoco quiere ser el negro forastero y estúpido que se dejó apresar (sin cometer el delito de robarse las tres bolas de billar) porque todos le dijeron “en este pueblo no hay ladrones”.
Y sus cortas luces concluirán que él debe ser Marsellus, un negro colosal y sanguinario. Más corpulento y temible que aquel protomacho macondero cuya respiración volcánica se percibía en toda la casa, mas burro y descomunal que aquel atarván que se comía medio lechón en el almuerzo y cuyas ventosidades marchitaban flores. Querrá ser superior a todo y a todos, más que aquel José Arcadio que se cagaba dos veces en natura y en contra natura, en las leyes físicas y celestiales. Pero -siempre hay un pero- encontrará un rastro de sangre sobre la nieve siberiana que le llevará hasta M. Su perdición.

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jueves, 29 de noviembre de 2012

Mia dixit

En cualquier momento Él saldrá del baño balbuceando excusas para terminar la noche, para irse a su casa a tocarse pensando en ella y en la caída del otro, pero ya es muy tarde. Ella se va a dar la vuelta, le va a aflojar la corbarta y lo va a besar hasta que no le quede un solo bacilo por contagiar. Luego le recordará una vez más que su marido le ordenó que la complaciera en todo, y se volverá gata.

Él se morirá cualquier día de un ataque al corazón, pero hoy la tendrá tan sumisa como a aquella chinita que un día escribiera, y el sillín de su moto extrañará el recuerdo.


por ser jueves






Ellos tienen prohibido por leyes divinas airear los secretos que los pellejos les cuentan en las noches de trabajos triperos. Su oficio les obliga a ser discretos, sumisos, introspectivos; pero hay épocas de lluvias torrenciales -como aquella que inundó Macondo-, de tormentas vesánicas –como la que hizo desaparecer la Atlántida-, hay épocas en las que solamente las sierpes se atreven a reptar entre las momias, en las que únicamente las culebras se pasean bíblicamente por el mundo. Es en esos días cuando los embalsamadores y los taxidermistas les da la ventolera de escupir todo lo que saben.
Da lo mismo, nadie les cree. A los muertos y a sus maquilladores nadie les hace ni puñetero caso.


martes, 27 de noviembre de 2012

Vincent dixit

El problema no es que Ella sepa mover las caderas como una bicicleta estática; el problema no es que Ella tenga de segundo nombre peligro, ni que tenga un marido loco y mafioso; el problema no es que ella utilice técnicas de hipnotismo con esos ojos negros y con palabras de diccionarios caribes.

El problema no es que El le aguante a duras penas el  ritmo y la mirada; el problema no es que El se muera por ver que lo que esconde ella bajo su ropa hipster y sesentera,  el problema no es que El quiera seguir bailando en cueros (en el ring adecuado y  no en una pista de baile); el problema no es que El sea un especialista en buscarse líos. 

El conoce antídotos para las setitas y los leotardos, solamente necesita que ella se deje inyectar. El verdadero problema es ése: que ella acepte.


lunes, 26 de noviembre de 2012

Winston dixit (y último)





Mi querida Julia, le dejo estas letras para despedirme, aún a mi pesar tengo que olvidarme de usted. Ése elogio a la granada me aclaró muchas dudas (me hubiera gustado mucho más una oda al plátano o al pepino). Fue la solución al acertijo que nunca hubiera adivinado.

Yo sé que no soy el prestidigitador que era antes, yo sé que el tiempo vuela, que mis ojos se van llenando de máculas y desprendiéndose de recuerdos. Yo sé que todo principio tiene un final, por eso prefiero que todo quede como debió ser desde el principio, antes de que la policía del pensamiento me sodomizara con sus ideas fascistas.

También por eso quiero ir en busca de Lola, sobre todo ahora que le he visto la cara con esa media sonrisa que promete cosas que no se pueden escribir. No quiero pasarme el resto del invierno paseando entre los sauces de cualquier bosque ombrófilo, no quiero que ningún obispo mitrado me mire mal al salir de algún puticlub, no quiero que ninguna falsa sibila de la periferia me engañe contándome un futuro que no existe.

Ahora me daré un atracón de grageas para dormir, apartaré los lóbregos sueños que atormentan mis insomnios e iré en busca de Lola y sus lombardas.

Buenas noches, mi querida Julia.

lunes, 19 de noviembre de 2012

Julia dixit (V)

A Ella le gustan las granadas porque le recuerdan los cuentos orientales que leía de niña, llenos de princesas misteriosas cuyos orgasmos eran espesos y abundantes como aceite saliendo de una vasija.

Pero además le gustan porque para abrirlas hay que romper la corteza dura que las protege utilizando una herramienta afilada -que podría ser la mente, si es uno privilegiado- e incluso, a veces, una pizca de fuerza, y porque una vez abiertas y aunque parezca que todo lo que contienen está a la vista, para disfrutarlas a plenitud hay que sacar  pepita por pepita roja y jugosa empotrada en su capa esponjosa y masticarla despacio, sintiendo con la lengua mientras se busca con los ojos.

A Ella le gustan las granadas.


Julia dixit (IV)

Ella, que tiene más de harpía de lo que Él cree, se imagina a si misma como orco de la Tierra Media y se echa a reír con unas ganas que desbaratan el moño. El pelo se le mete en los ojos y se moja de las lágrimas que no puede evitar cuando se ríe, pero ahora ya no importa; la conversación huele a vino y a higos deshechos con la punta de la lengua y eso le gusta.

Ella no quiere engañarlo con artimañas ni cañonearlo con lombardas. De hecho, está pensando que tendría que advertirlo de su incurable mal hábito de ponerse las bragas al revés, para que el victoriano ángel escoja cualquier otro tipo que no lleve drapeados y pueda volar cómodo y concupiscente por sus sueños.

Ella espera a que Él regrese. Tiene dos o tres historias amarillentas de cocuyos y pretende cambiárselas por un cuento de buenas noches.

jueves, 15 de noviembre de 2012

Winston dixit (y III)

Yo sé que Ella utiliza artimañas para embaucarme, como por ejemplo hacerse un moño en la cúspide de su cabeza para parecer un poco más alta. Sé que Ella es demasiado lista, como cuando mezcla historias de la vida real y les da la vuelta imperceptiblemente con algún giro surrealista;  pero a veces -siempre- dispara a bocajarro y me encuentro desarmado.

Ella no me recuerda a esas enciclopedias que todo lo saben, que todo lo dan por hecho, más bien es uno de esos periódicos de países desaparecidos bajo el yugo de la globalización, diarios y revistas que todavía anuncian el desembarco de bailarinas exóticas en los teatros de función doble, panfletos que llaman a la movilización ciudadana cuando los gobiernos promulgan leyes contra-natura, como esos estados gringos que prohíben dar por culo entre hombres y miran hacia otro lado cuando los obispos se enamoran de monaguillos imberbes.

Ella podría tener la apariencia de un orco de la Tierra Media, también podría ser alguna de aquellas horrendas harpías de las que ya hablamos, pero para mí es un ángel que desfila en Victoria´s Secret, lo sé porque siempre aparece volando en mis sueños vestida solamente con unas braguitas de pedrería. 


A mi me espera una maleta y una carretera, siempre igual, siempre maletas y carreteras. A Ella le esperan preguntas y a mí no me esperan respuestas.

martes, 13 de noviembre de 2012

Julia dixit (miau)

Gatos y lunas y quizás un etcétera.

Julia dixit (II)

Si Ella viera películas norteamericanas la confesión de Él sería un mensaje grabado en una contestadora cuya cinta se enredaría para que Ella pensara una vez más que ahora sí que tenía que comprarse una nueva, se encogiera de hombros y se fuera a por una copa de vino con el gato entre las piernas.

Ahora, sin embargo, lee. Y lo que lee, a diferencia de lo que ve o escucha o toca, se queda ahí, y ya está dejando a un lado el cansancio de todo un día nublado por la llovizna y la abulia pertinaz de sus alumnos y está sentándose con las piernas muy juntas en el borde del sillón -posición sobria e incómoda que viene acompañada de una brisa helada, tan distinta al aire feliz, espeso y oloroso a melao que sopla cuando, por el contrario, el sillón es todo muslos y pies y pelos y libros con orejitas- y está recogiéndose la melena en un moño muy alto que tiembla cuando Ella baja la cabeza y dice "Pero ¿qué? ¿Qué? ¿Qué?"

 ¿Qué?

lunes, 12 de noviembre de 2012

Winston dixit (y II)


Sí, soy imbécil, no lo negaré, pero por muchas más razones de las que ella imagina.

Lo soy porque me gusta maullar a la luna -tan diferente en su discurrir nocturno durante el mes- y no me gusta ladrar al sol -tan idéntico desde que sale hasta que se pone-.

Lo soy porque me atraen más las indígenas del Orinoco –con sus tetas caídas y desprejuiciadas- que el ejército de funcionarias – maquilladas, uniformadas con sus wonder-brá, estúpidas de tanto intrigar- que me rodean y asedian diez horas al día, seis días a la semana, en el departamento de estadística.

Lo soy por ignorar la advertencia que me hicieron sus dentelladas, me advirtieron que yo  nunca sería el faro de su naufragio, que únicamente sería una válvula de escape. Y  yo lo acepté, como acepto el olor a membrillo de los armarios de mi mamá, como acepto realizar todas las guarradas que ella me pida, como acepto que los cerdos un día serán hombres (aunque esa es otra historia).

Ahora me quedo en letargo, derrotado, viendo morir este mundo, pensando en esos sitios donde nosotros nunca existimos, donde los años se borran de los calendarios con bocanadas de habano barato y sorbos pequeños de ron añejo Santa Teresa, y las noches –todas las noches- se podrían esconder dentro de aquellas muchas folladas clandestinas y accidentales.



Sí, soy un imbécil.

lunes, 5 de noviembre de 2012

Winston dixit:


Ellos –los que dicen ser los buenos pero en realidad no los son- han conseguido a medias su objetivo. Yo, que tenia memorizada la orografía de tu piel en las palmas de mis manos, ahora solamente me queda la sensación de un hueco entre los dedos.

Ellos –los que abrevian ministerios y departamentos- decidieron que tú pasaras de ser una certeza cierta a una ausencia incierta. Han logrado que no recuerde ni tu nombre, pero no han podido diluir el sabor de tu pezón bajo mi lengua.

Ellos –los que combinan palabras e impertinencias- me llevaron al límite varias veces, me dejaron suspendido en ese momento en que la novia duda entre asentir o rechazar, lograron que me sintiera como un amputado que se rasca la pierna que no tiene.

Fue muy fácil admitir que sus mentiras eran más tangibles que mis verdades, ni siquiera les hubiera hecho falta torturarme, soy débil y me daba lo mismo; y además yo había leído a Benedetti antes que sus mierdas de panegíricos: “Después de todo la muerte es solo un síntoma de que hubo vida”.

Lo difícil fue borrarte de mí, eso no lo han conseguido.

Pero aún hoy, después de muchas estaciones, no sé quién eres/eras, no sé de qué libro nos escapamos, no sé en qué año reventamos.