...porque los que saben contar historias pueden cambiar el mundo. Y aquí tenemos los bolsillos llenos de ellas.

(Amaranta)

-------------------------------------------------

...no sé contar las cosas intangibles, pero puedo enumerar todas las que se me quedan en la piel.

(Estrellada)

-----------------------------------------------


... y las arenas atrapahombres, y el sabor a sal, origen de todas las cosas.

(MA)


Mostrando entradas con la etiqueta a cuatro manos. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta a cuatro manos. Mostrar todas las entradas

jueves, 7 de mayo de 2015

LAS TRES ÚLTIMAS


No querer a nadie es ser libre, me escribías en los márgenes de unos graciosos billetes de curso legal. Ahora lo único que me queda es alguna canción de verano, la fotografía que te robé con el móvil y las resacas del domingo; éso es lo más civilizado que nos ata, todo lo demás está guardado en rotas maletas de nailon, mis papeles en cajas de zapatos, tus revistas y tus braguitas en bolsas recicladas del Primark. Parece todo tan provisional que quizás fue mentira.

En los bolsillos de los pantalones todavía almaceno unas piedras de nuestra playa, aquellas piedrecitas que te encajaba en el hueco del ombligo y que eran el paso preliminar antes de morirnos un poco más.

Por mi calle pasrá una chiquilla que lleva el pelo igual que tú y me recordará las veces que te ayude a despeinarte. Un vicioso anónimo en el autobús explorará tu culo, fabricándose una erección entre dos paradas, y desempolvaré la imagen de mis manos reptando por tus caderas. 

El tonto del pueblo parece clarividente, su lucidez es de wikipedia: Nadie le come el coño a las putas.



martes, 21 de mayo de 2013

LAS TRES ULTIMAS




A través de un reflejo en las puertas del Starbucks la he visto durante unos segundos, cruzaba fugazmente sobre las azoteas de María Molina montada en una alfombra voladora. He evitado levantar la cabeza y desviar la vista del suelo, no quiero delatarla.

En los mentideros subterráneos de la resistencia se cuenta que le sacó los ojos a una centinela, aprovechó un cacheo -denso y descarado- sobre sus tetas para desenfundar una horquilla del moño y dejarla ciega...